El famoso Gran Buda de Kamakura es una figura imponente que te transmite una serenidad infinita.
El otro día volví a ir a Kamakura, es la cuarta vez que visito el mismo lugar, los mismos templos, el mismo paseo por la montaña, pero cada vez diferente.
Japón me ha enseñado a disfrutar de las estaciones, algo que en el sur de España es casi inexistente, pasamos de nueve meses de calor/buen tiempo a tres de “frío”/mal tiempo. Con bruscas transiciones, se podría decir que vivimos entre dos estaciones.
Pero en Japón hay cuatro, claramente diferenciadas, estaciones. Y disfrutar de los cambios de estaciones forma parte de la cultura nipona de forma casi intrínsica.
Hace mucho tiempo, cuando estudiaba en la universidad, un profesor de literatura especialista en haikus - el erudito Fernando Rodríguez-Izquierdo del que tuve la suerte de ser alumno- nos explicaba que cada haiku (esas pequeñas composiciones poéticas de simple composición 5-7-5 sílabas) siempre incluía una palabra clave (llamada kigo (季語, ‘kigo’)(cuarto idioma) que indica la estación del año a la que se refiere el poema.
Aunque entendía el concepto de “kigo”, no “pillaba” lo que eso significaba, pero tras llegar a Japón rápidamente entendí la importancia de la naturaleza y especialmente las estaciones en Japón.
Para mi, visitar Kamakura es un ejercicio de observación, intento captar los cambios que la naturaleza y el paisaje me regalan. Pero por encima de cualquier cosa, disfruto de la tranquilidad y la belleza de este lugar.
Besos tokiotas
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This post was written by NicoinTokio on May 5, 2010

