UN PAÍS LLAMADO HIPOCONDRÍA 1.0

Érase una vez, en un lugar muy lejano, un país llamado Hipocondría.

Los habitantes de Hipocondría, gentes sencillas y ordenadas, de pequeño tamaño pero gran tenacidad. Vivían en un perpetuo estado de miedo al contagio. Cualquier tipo de contagio, pero sentían un especial miedo a las llamadas epidemias. Pero qué es una epidemia, eso depende del punto de vista. Donde algunos veían un resfriado común, los habitantes de Hipocondría veían un peligro de contagio masivo. Donde algunos veían una muestra de afecto, un abrazo, ellos, los hipocondríos, veían sobreexposición a posibles elementos contagiosos.

Nadie sabe muy bien cómo empezó todo, los más viejos del lugar no recuerdan cuando empezaron a actuar así, pero todos saben el porqué, el contagio es la muerte de Hipocondría.

Al principio, los hipocondríos eran gentes libres de miedos, pero hace mucho tiempo, allá donde se pierde la memoria, que un barco llego desde más allá de los mares conocidos y trajo consigo la Gran Epidemia. Un diablo de piel blanca llamado Perry, trajo un barco lleno de enfermedades desconocidas con el único fin de acabar con los amables habitantes de Hipocondría. El diablo Perry obligo al emperador Hipocondrío-Hito a abrir las fronteras del reino, y bajo amenaza de contagio masivo consiguió lo que se proponía. Los años siguientes fueron conocidos como los Años de la Gran Epidemia, y cientos de felices ciudadanos de Hipocondría murieron a causa de las enfermedades traídas por el Diablo Perry en su barco llamado Muerte. Desde entonces, y en forma de tradición oral para asustar a los niños se les dice “Niños, si no os dormís pronto vendrá el Diablo Perry y nos contagiará a todos ”. Frase que causa gran pavor entre los más pequeños de este pequeño país.

El emperador Hipocondrío-Hito sintió tanto miedo por su vida y la de sus súbditos que obligo a los miembros de su sequito personal que evitaran tocarlo, y que de igual forma, se cubrieran la cara cuando estuvieran en su presencia, para evitar que los malvados gérmenes traídos por el Diablo Perry le fueron contagiados. Estas costumbres se convirtieron en un señal de elegancia, y fueron imitados por todos los miembros de la Corte Imperial. Y el pueblo llano y sencillo de Hipocondría imito a sus próceres, personas de gran talla intelectual, que no de estatura.

Y al igual que los terribles Monzones comienzan con unas inofensivas gotas de lluvia, la costumbre se propagó como se propaga el fuego en los rubios campos de Julio, y antes de que hubiera tiempo de apagarlo, la costumbre estaban dentro de cada uno de los hogares de Hipocondría. Y con ella llego el miedo que ya nunca más se iría.

Pero los Años de la Gran Epidemia pasaron, y los habitantes de Hipocondría volvieron a vivir felices, pero ya nunca más libres de miedos, desde entonces, el miedo a una nueva Pandemia los tiene atenazados y viven en un estado de alerta perpetuo.
Los Sabios del reino hacían saber cuando llegarían las nuevas epidemias, y cómo debían todos prevenir su contagio.

Los hombres de negocios prevenían el contagio cubriendo su rostro con máscaras, las esposas temerosas usaban guantes para abrir las puertas de las tiendas, las madres piadosas lavaban sus manos antes de tocar a sus queridos hijos, y los padres hacían gárgaras antes de hablar a su familia.

Por supuesto, todos evitaban el contacto con cualquier desconocido, y para ello usaban guantes, y cubrían sus rostros como los hombres de negocios. Nadie estaba a salvo, y todos eran sospechosos de estar contaminados.

Hasta que llego la Pandemia Final, la pandemia de todas las pandemias. Los Sabios del reino alzaron sus voces y pidieron la cooperación de todos los habitantes de Hipocondría.

• Nadie debería salir de sus hogares en cuarenta días con sus cuarenta noches.
• Las esposas y los esposos deberían dormir en habitaciones separadas, al igual que los hermanos, también separados.
• Se evitaría cualquier contacto físico.
• Sólo se comería productos esterilizados.
• La ropa se quemaría cada noche, al igual que los utensilios de cocina.
• Y solo se permitiría la interacción interpersonal por medios seguros, es decir, mediante medios telemáticos digitales.

Las gentes de Hipocondría temerosos por sus vidas, siguieron cada uno de los consejos de los Sabios. Y de este modo la vida desapareció de la faz del país llamado Hipocondría.

Nadie vivió feliz ni comieron perdices (estaba prohibido comer seres vivos)

Besos hipocondríacos para todos

Esto NUNCA paso inHipocondria (foto via elvisdepressley)

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This post was written by NicoinTokio on May 22, 2009

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3 Comments so far

  1. Antonio May 25, 2009 10:41 am

    espero una conversación contigo para que me cuentes tus impresiones mas profundas sobre este asunto. La semana que viene podremos hablar a eso de las 14-16 h.
    Ya te aviso
    Un Abrazo

  2. Danjuro May 25, 2009 5:51 pm

    Aquí en el centro de la Japan Foundation nos tienen hasta midiéndonos la temperatura un par de veces al día, y rellenando un informe sobre nuestro estado de salud para entregar cada mañana. Al menos nos han regalado mascarillas, y tampoco falta el desinfectante. Aunque sí es cierto que la gripe se está extendiendo relativamente rápido.

  3. ana June 1, 2009 1:21 pm

    ¡Hola Nico!
    Cada día más humanos (con más miedo.
    Siento no conectarme más, posiblemente la crísis nos está afectando en lo más peofundo.
    Espero que este catarrillo no sea una forma de distrasernos de su profundidad.
    Me acuerdo de la canción “…contaminame, mezclate conmigo…” ¿politicamente incorrecta? Muchos besitos. Nos acordamos, casí hace un año comenzo la expo y …
    CUIDATE pero no dejes de vivir (respirar, besar,…)
    Hasta pronto

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  1. meneame.net May 25, 2009 7:35 am

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